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El Helenismo

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LA EPOCA DE ALEJANDRO MAGNO[1]

El surgimiento de Macedonia.

Al norte de la mitad oriental de la península griega está Macedonia, un país en gran medida montañoso, habitado por un pueblo fuerte y belicoso. La civilización de Macedonia procedía de Grecia, con el resultado de que los macedonios se consideraban parte del mundo griego. Allí la cultura griega y el genio griego despertaban profundo respeto. Ya en la época de la Guerra del Peloponeso el rey Arquelao (423-399) busca vinculación con Grecia y trae la cultura a Pella, capital del Reino.

En el 360 a. C. llegó al trono de Macedonia un hombre que había recibido una educación griega. Mientras vivía como rehén en Tebas, Filipo aprovechó al máximo la oportunidad de estudiar la política y las tácticas militares griegas. El nuevo rey empezó por reclutar un ejército permanente o regular entre los campesinos de su reino, para armarlos como infantería pesada. Introdujo entonces la formación griega conocida por el nombre de falange[2].

El paso siguiente de Filipo consistió en foguear su disciplinado  ejército en una guerra verdadera. Con sensatez, apartó sus ojos de Grecia y procedió a conquistar todo el territorio situado al norte del Mar Egeo hasta el Helesponto (hoy llamados Dardanelos). Las primeras campañas hacia el oeste, norte y este, contra los pueblos bárbaros, alcanzan el río Danubio (Tracia), luego Calcidia y Tesalia. Los macedonios se van enriqueciendo  por las minas de oro.

Los griegos advirtieron esos alarmantes movimientos al norte con una mezcla de sentimientos. La hegemonía de Macedonia tardó 15 años, pero se facilitó por las luchas internas en las que se encontraban las ciudades griegas.

En Atenas, un grupo, encabezado por Isócrates, estaba dispuesto a aceptar a Filipo como el jefe y unificador del mundo griego. Se le oponía el orador Demóstenes, que consideraba a Filipo como un tirano que se proponía esclavizar al mundo heleno. En una serie de discursos contra Filipo, las "Filípicas", Demóstenes levantó a los atenienses contra Macedonia. A pesar de muchos indicios de amistad por parte de Filipo, siguió una serie de hostilidades. Las luchas llegaron a su fin con la abrumadora victoria macedónica de Queronea, en el 338 a. C., cuya consecuencia fue que Filipo se erigió en jefe (hegemón) de la liga de todos los Estados griegos, salvo Esparta llamada Liga Grecomacedónica: las ciudades griegas conservan su autonomía pero deben reconocer a Filipo como jefe militar.

A continuación, Filipo dirigió su atención hacia Asia Menor, zona que invadió con la intención de liberar a las ciudades griegas sometidas al dominio persa. Pero, en el 336 a. C., fue apuñalado por un conspirador, mientras celebraba el matrimonio de su hija.

Alejandro y los Estados griegos.

Filipo fue sucedido en el trono por su joven hijo Alejandro, que tenía entonces apenas veinte años de edad. Alejandro había recibido una excelente educación. Cuando sólo tenía trece años, Filipo lo había puesto bajo la tutela del gran filósofo Aristóteles, discípulo de Platón, a quien había invitado a su corte. De este modo, Alejandro, al igual que su padre, adquirió una profunda comprensión y estima por la cultura griega. Además de proporcionarle una espléndida educación, Filipo dejó a su hijo un grupo de capaces y leales asesores.

Al ascender Alejandro al trono, la ciudad griega de Tebas se rebeló, en la creencia de que un rey tan joven sería incapaz de conservar las conquistas del padre. Alejandro había heredado una guerra con Persia. Sin embargo, advirtió que no sería prudente llevar el ejército a Persia hasta que hubiera dado a los griegos pruebas de su decisión y su capacidad. Conquistó Tebas y destruyó por completo la ciudad. Con todo, como un indicio de su reverencia por el genio griego, dejó en pie la casa del gran poeta Píndaro.

Una vez asegurado el dominio de Grecia, Alejandro marchó hacia el este con un ejército compuesto de macedonios y aliados griegos. Los persas habían contado con tiempo para hacer preparativos y reforzaron sus fuerzas con grandes grupos de mercenarios griegos. Los dos ejércitos se enfrentaron en el río Gránico, en Asia Menor. El joven rey intervino personalmente en la batalla, a la cabeza de sus tropas y apenas logró escapar con vida. El ejército persa quedó despedazado y Alejandro pudo entonces marchar hacia el sur, mientras iba liberando una ciudad griega tras otra.

En el curso de sus largas guerras, los griegos habían destruido su propia supremacía marítima en el Mediterráneo. Los súbditos fenicios del Gran Rey aprovecharon la oportunidad para construir una gran flota, superior a cualquiera que pudieran reunir en ese entonces los griegos. Dado que los persas dominaban el mar, estaba claro que sí Alejandro cruzaba las montañas de Asia Menor y entraba en Asia, quedaría aislado del mundo griego. Sin embargo, había dejado en la patria un ejército bastante poderoso para rechazar un eventual ataque persa y creía que los griegos habían llegado a aceptarlo como jefe. En consecuencia, se puso en marcha atrevidamente[3].

Frente al golfo de Iso, al norte de Siria, el grueso del ejército persa, (unos 10.000 soldados) al mando personal de Darío III, aguardaba la llegada de Alejandro. Los persas habían tomado una fuerte posición defensiva detrás de un arroyo. Pero Alejandro, con la misma política que hubiera seguido su padre, ser siempre el atacante, tomó la iniciativa. La caballería en masa, encabezada por el joven rey, se zambulló en el arroyo y atacó la izquierda persa. El centro y el ala derecha de los persas se mantuvieron firmes contra la infantería macedonia y griega que tuvo que vadear la corriente. Pero el peso y la furia del ataque de la caballería quebró el ala izquierda. Alejandro pudo detener el avance de sus disciplinados jinetes en cuanto las fuerzas adversarias se dieron a la fuga. Cuando lo hizo, la caballería tomó al centro persa por la retaguardia y se ganó la batalla (333 a.C.).

Darío, que había escapado del campo de batalla, propuso ahora un armisticio. Ofreció entregar toda Asia al oeste del río Éufrates y pagar una indemnización de 10.000 talentos. Los generales de Alejandro le aconsejaron aceptar, con la observación de que los persas todavía detentaban el dominio del mar que estaba entre él y Grecia. Pero el rey de veintiún años exigió rendición incondicional y ésta le fue negada.

La conquista del mundo.

El paso siguiente de Alejandro revela su amplio dominio de la estrategia. No había tiempo de construir una flota y asegurar los mares que quedaban tras él mientras marchaba hacia el interior de Asia. En consecuencia, se dirigió hacia el sur, a lo largo de la costa de Siria y Fenicia, y redujo las grandes ciudades costeras que proporcionaban bases a la armada persa. Entonces cruzó el istmo de Suez en dirección a Egipto y esa rica tierra no tardó en someterse. La flota persa, privada ahora de todas sus bases, pronto quedó dispersa y los griegos volvieron a obtener una vez más el dominio del Mediterráneo.

Para la creación de un imperio se necesita algo más que el sometimiento de personas por la fuerza. Para que tal dominio dure, los pueblos conquistados deben hallar posible la aceptación del nuevo gobierno. Deben estar en condiciones de reconocer que bajo ese orden recibirán justicia y seguridad verdaderas, además de respeto por sus derechos como seres humanos. También en esto Alejandro reveló la magnitud de su genio.

Vio que en todo el Oriente el pueblo consideraba al rey un dios al mismo tiempo que un hombre. En Egipto, en consecuencia, visitó el oráculo del templo de Amón en Siwa, en donde se lo aclamó como hijo de Zeus-Amón. De esta manera, el sacerdote egipcio proclamaba que el principal dios griego, Zeus, era idéntico a Amón, el principal dios de los egipcios, mientras declaraba, al mismo tiempo a los egipcios que el dios había destinado a Alejandro para que los gobernara. Antes de regresar al Asia, Alejandro fundó la ciudad de Alejandría, que se convirtió en centro para la diseminación de la cultura griega entre los egipcios.

Lograda la posesión de Egipto como fuente de abastecimiento para sus fuerzas, en la primavera del 331 a.C., Alejandro condujo a sus hombres hacia Persia. Darío había reunido un ejército para intentar una última defensa en Arbela de unos 500.000 hombres. Pero los nuevos carros de guerra persas, con aguzadas espadas que se proyectaban desde los ejes a cada lado, resultaron inútiles contra la veterana soldadesca macedonia y griega. El ejército persa quedó aniquilado y, mientras huía, Darío fue asesinado por uno de sus propios asistentes.

En Persépolis, la capital persa, Alejandro una vez más desplegó sabiduría y tacto al tratar con un pueblo derrotado. En venganza por la destrucción de Mileto y el incendio de los templos de la Acrópolis ateniense por parte de los persas, Alejandro, con su propia mano, prendió fuego al palacio persa. Pero esto fue meramente un acto simbólico, y antes de que las llamas pudieran causar perjuicios graves, ordenó que se extinguiera el fuego.

Alejandro dominaba ahora un Imperio más vasto que el de cualquier gobernante de la historia. Tal hazaña hubiera satisfecho la ambición de cualquier hombre. Pero el inquieto y joven rey, después de dejar establecido un gobierno para su nueva conquista, continuó la marcha en busca de nuevos mundos para conquistar. Durante el curso de los cinco años siguientes, cruzó la altiplanicie del Irán, marchó hacia el norte luego de cruzar los rios Oxo y Jaxartes, y luego giró en dirección al sur hacia la India. Después que hubo sometido a los príncipes del valle del Indo, siguió marchando hacia el oeste hasta el valle del Ganges, en donde, las tropas se negaron a seguir adelante.

En la India, Alejandro construyó una flota que envió para que explorara el Océano índico y las costas de Asia meridional. Por último, siete años después de haber partido de Babilonia, el conquistador entró de regreso en la antigua capital mesopotámica. Durante el curso de sus largas marchas, este extraordinario genio habla creado unas veinticinco ciudades, que llevaron su nombre, con una dotación de tropas griegas, que se mantuvieron como centros de influencia y cultura griegas en Asia.

En Babilonia, Alejandro planeó nuevas conquistas. Quedaban por someter la península de Arabia y el Mediterráneo occidental. Pero, en el 323 a. C., cayó enfermo y pocos días más tarde murió. Tenía treinta y tres años de edad. En breve tiempo cambió la situación del mundo civilizado, introdujo el helenismo en el corazón de Asia.

Algunos factores que favorecieron las conquistas de Alejandro

El imperio persa no tenía unidad nacional y cultural, el país estaba dividido en provincias gobernadas por los sátrapas, que a la vez eran controlados por los Inspectores: ojos y oídos del rey.

Otra razón de su éxito era que la cultura irania no era apta para la "exportación" lo que sí ocurría con la cultura griega. Esta no necesitaba imponerse con la fuerza. Grecia se presentaba como "lo mejor" en todo. Los príncipes helenísticos buscaban la mayor cantidad de esa "energía espiritual" que era el secreto de la unidad del mundo helénico. Alejandro cristalizaba a su alrededor el orgullo helénico.Por ello Alejandro era bien visto por los persas, no así por sus compañeros quienes, por orgullo de raza, querían tener privilegios ante los vencidos y no aceptaban tampoco las costumbres orientales que había asumido Alejandro.

Su política de tolerancia le ganó el aprecio de los lugares que conquistó: mantuvo la religión de cada lugar, sus leyes y costumbres particulares. Adoptó características de un rey de Persia (entre ellas la proskinesis (postración) costumbre tradicional en las monarquías orientales. Concedió mandos importantes a los mismos vencidos. Se unió con princesas persas y recompensaba a los soldados que eligieran esposas persas (hubo alrededor de 10.000 casamientos).

Alejandro, el joven discípulo de Aristóteles, realizó hasta las últimas consecuencias las doctrinas de su maestro. Si lo propio, lo perfecto del hombre, es llegar a constituir el estado y alcanzar por el orden de sus funciones la bienaventuranza, es posible a todos los asiáticos o bárbaros llegar a ser hombres si se incorporan en un régimen político. La idea de raza es reemplazada por la noción de cultura. El humanismo griego es sinónimo de "cultura". Todo hombre puede llegar a ser griego en la ciudad universal. La pequeña ciudad griega ha crecido hasta dar como fruto la ciudad ecuménica. Esta universalización produce, por una parte la ruina de la ciudad griega, y por otra, en cambio, permite un profundo individualismo por el debilitamiento de los vínculos exigentes de la comunidad político-religiosa. Vemos nacer un pluralismo, una multitud de grupos y movimientos, que pululan en todo el imperio.

EL MUNDO HELENISTICO

Luchas de los reinos helenísticos.

Después de la muerte de Alejandro, Roxana, la princesa persa con quien se había casado, dio a luz a un hijo, Alejandro II.  Pero los generales de la plana mayor de Alejandro (llamados diadokos) no tardaron en disputar entre ellos por la posesión del Imperio. Después de una generación de guerra, el Imperio se escindió en tres partes, Europa, Asia y África. Antígono, nieto del general del mismo nombre, entró en posesión de Macedonia. Procuraba dominar Grecia. Los territorios del imperio persa pasaron a manos de Seleuco, una de los generales de Alejandro, y otro general, Ptolomeo Lagos, se convirtió en gobernante de Egipto.

La división más pequeña del Imperio era, por supuesto, Macedonia. Pero antes de que Antigono pudiera ascender al trono, el mundo griego se vio frente a un nuevo e inesperado peligro. Era éste la invasión de los celtas o galos, descendientes de los pueblos indoeuropeos que se habían asentado en Francia y Europa central. Ahora descendían a la península Balcánica y entraban en Macedonia, Tracia y Grecia. Hacia el 277 a.C., Antígono había expulsado a los invasores de Macedonia y, después de sofocar una rebelión de las ciudades griegas, se había coronado rey.

Mientras tanto, Ptolomeo Lagos, un general de Alejandro, se habla coronado rey de Egipto. Advirtió que los egipcios, que se habían sometido pasivamente a su dominio, no podían proporcionarle un buen ejército y que tendría que depender de mercenarios griegos. Mientras Antígono se mantenía ocupado con la rebelión griega y la invasión gala, Ptolomeo construía una gran flota que le dio el dominio del Mediterráneo y le permitía traer tropas mercenarias de Grecia cada vez que fuera necesario.         

Con sensatez Ptolomeo acomodó su política a las condiciones que encontró en Egipto. Regía a sus súbditos egipcios como faraón, al mismo tiempo monarca absolutista y dios. Su equipo de gobierno estaba lleno de griegos. Y, con el sensato gobierno de una dinastía de Ptolomeos, Egipto septentrional, en particular la ciudad de Alejandría, (con más de 500.000 habitantes) se convirtió en el centro más importante de civilización y cultura griegas del mundo helenístico. La dinastía de los Lágidas (descendientes de Ptolomeo Lagos)estará al frente de este Reino.

Seleuco, el general que había obtenido la porción asiática del Imperio de Alejandro, procuró continuar la obra de difusión de la cultura griega que había comenzado Alejandro. Fundó una nueva ciudad, que denominó Antioquía en honor de su padre, y la convirtió en capital de la región. Antioquía pasó a ser el centro comercial más grande del norte del Mediterráneo y rival de Alejandría. El Reino de Siria a cargo de los Seléucidas, descendientes de Seleuco, será el que tendrá mayores dificultades para mantener su unidad debido a su extensión y por ello se irá fragmentando.

La historia del Mediterráneo oriental durante los dos siglos siguientes es fundamentalmente el relato de la rivalidad entre estos tres reinos helenísticos. Las ciudades-Estado griegas siguieron siendo políticamente débiles. Trataron de superar esta situación mediante la formación de alianzas o ligas entre ellas. Pero Grecia nunca recuperó el ascendiente político y militar que en otro tiempo había poseído.

Sin embargo, debe recordarse que la civilización del mundo posterior a Alejandro era griega. Grecia seguía siendo la fuente y uno de sus centros principales, aunque con el tiempo Alejandría se convirtió en un gran núcleo de civilización griega. Durante los siglos posteriores, los mayores filósofos, artistas, científicos y escritores habrían de ser griegos.

La civilización helenística.

Se conoce como época helenística la que va desde el 323 a.C. (muerte de Alejandro) hasta el 31 a.C. (Batalla de Actium y fundación del imperio romano)

La época de Alejandro divide dos grandes épocas culturales. Separa la antigua cultura helénica de la posterior civilización helenística. Helénico significa simplemente griego y la cultura helénica estaba  confinada en general a la zona que hemos definido como Magna Grecia, incluidas Sicilia, Italia meridional, la costa occidental de Asia  Menor y las islas del Egeo, así como Grecia propiamente dicha.

La civilización helenística es la creada a través de la acción o la influencia de Grecia. Era más fuerte en la zona del Mediterráneo oriental, en donde la influencia griega se hacía sentir con mayor intensidad, pero se extendía por todos los territorios de los reinos alejandrinos, regidos por griegos.  dicho de otra manera, la cultura helenística fue la resultante del contacto de la cultura griega con los países orientales. La helenización del Oriente modificó en algunos aspectos a la civilización helénica. En algunos aspectos (regímenes de gobierno y religión) predominó lo oriental. En otros (filosofía, arte) predominó lo griego. Desde la India hasta Italia un grande y efímero Imperio unifica un número ilimitado de pueblos. La lengua griega, universalizándose se modifica; la filosofía mezclándose, se plurifica; las religiones, difundiéndose, se relativizan.

La conquista y unificación de la mayor parte del mundo civilizado por obra de Alejandro Magno había producido condiciones que hicieron posible la época de civilización y prosperidad que siguió. La dominación macedónica trajo paz al Mediterráneo oriental. Los piratas y las flotas de los Estados en conflicto dejaron de ser un grave peligro para el comercio pacífico.

Los griegos tenían acceso a carreras políticas y militares en todo el mundo, porque los egipcios habían estado sometidos a conquistadores por demasiado tiempo y ya no podían bastarse a sí mismos, mientras que los sátrapas persas, a quienes en un principio se les permitió conservar sus cargos, pronto se mostraron indignos de confianza o desleales.

La conquista de Alejandro llevó al establecimiento de nuevas rutas en Asía (hasta China), la circulación comercial de nuevos productos, el desarrollo de la navegación y los progresos en la geografía y la astronomía. Los griegos aprendieron a gustar de los productos orientales y el saqueo de la conquista proporcionó un medio de satisfacer las apetencias. A medida que la gente y los productos se movían con más libertad por el mundo, los griegos encontraban nuevos mercados para la alfarería, el aceite y el vino.

Durante generaciones, los gobernantes persas habían acumulado un gran tesoro de oro y plata, del que se adueñó Alejandro. Así, en un momento en que habla estimulo para los negocios y el comercio, se dispuso de una reserva de metales preciosos que, convertida en moneda acuñada, facilitó enormemente el intercambio de mercaderías. Si bien es cierto que la rivalidad de los reinos helenísticos produjo guerras, la conducción mejor organizada de los asuntos militares demostró ser menos perjudicial para el comercio que el mezquino saqueo de los pequeños Estados antes del tiempo de Alejandro.

Al mismo tiempo que la influencia griega predominaba en toda una gran parte del mundo helenístico, los griegos fueron a su vez afectados por otras personas y por las nuevas condiciones. Hasta ese momento la ciudad-estado o POLIS era el punto de referencia del hombre griego. En las pequeñas ciudades-Estado del período helénico, el ciudadano griego era conocido personal de casi todos sus conciudadanos. Su vida era pública. Era miembro de la asamblea del pueblo y participaba directamente en el gobierno. Pasaba gran parte de su tiempo libre en la plaza del mercado, como público de los festivales religiosos y las competencias atléticas, en el teatro, todo en compañía de sus conciudadanos. El mayor honor a que podía aspirar era la estima de sus compañeros, su propia gente. Los hombres ricos gastaban pródigamente sus fortunas en fiestas religiosas, en el ornato de edificios públicos y en el embellecimiento de la Acrópolis. Alcibíades provocó un escándalo al contratar a un artista para decorar las paredes de su propia casa.

Era imposible vivir este tipo de vida en el ámbito más amplio del mundo helenístico y las ambiciones de los hombres se encaminaron hacia nuevas direcciones. Si el signo del estado-ciudad griego había sido la univocidad, el del cosmopolitismo de la cultura helénica será la pluralidad. Con el advenimiento del helenismo, los nuevos monarcas concentran poder en sus manos y las ciudades-estado van perdiendo poco a poco sus libertades y autonomía. Cae la Polis griega, esta ya no es un absoluto. El ciudadano griego se asemeja ahora como un adolescente que descubre que el mundo es más amplio de lo que le permitía suponer. Las monarquías helenistas fueron organismos inestables y no podían implicar a los ciudadanos en una tarea común.

El griego pasa de ciudadano a súbdito. La vida de los Estados se desarrolla con independencia de su voluntad. La relación del hombre con el monarca es lejana y en nada se asemeja a la vida cívica de la polis. Surge  entonces el ideal del cosmopolitismo: el mundo entero como una ciudad, que incluye hombres y dioses.

Ya no hay equivalencia entre hombre y ciudadano, el hombre busca una nueva identidad, empieza a descubrirse como individuo, y a forjar individuos tiende la educación. Las nuevas formas políticas hacen que cada uno se forje a su manera la propia vida y la propia personalidad moral.

Anteriormente el hombre era ciudadano de una polis, esto llevaba a una ética concebida como práctica de  virtudes cívicas, es decir la Ética  y la Política estaban íntimamente vinculadas. Ahora al ser súbdito de una cosmópolis, la ética se estructura de una manera autónoma basándose en el hombre en cuanto tal, en su singularidad, ya que no hay más la estrecha referencia a su polis. Por ello la ética se separa de la política.

Muchos buscaron riquezas por el poder, el prestigio y la seguridad física que podía depararles. Otros se procuraron el prestigio y el poder que traen aparejados los cargos políticos o los comandos militares. Ahora estas funciones eran algo diferentes de lo que habían sido en tiempos helénicos. En las monarquías helenísticas, los hombres no obtenían cargos políticos y militares en virtud de la buena opinión de sus conciudadanos, como había ocurrido en las pequeñas democracias de la época helénica.

 Vinculado al cosmopolitismo está el hundimiento  de los prejuicios racistas sobre las diferencias entre griegos y bárbaros. Los griegos consideraban a los bárbaros como esclavos por naturaleza, incapaces de aprender. Alejandro busco equiparar a los bárbaros con los griegos instruyéndolos según los cánones de la cultura griega y adiestrándolos en el arte de la guerra según técnicas griegas. Los filósofos pondrán en discusión el prejuicio de la esclavitud. Para los estoicos la verdadera esclavitud es la ignorancia.

El tono materialista de la nueva época trajo por consecuencia que la ciencia se hiciera más práctica. El conocimiento científico se aplicó a la solución de problemas de comodidad y eficacia materiales. La invención florecía. Los individuos disfrutaban de muchas cosas  convenientes en las que no se pensaban en tiempos anteriores. Estaban rodeados de artefactos.

LAS CIUDADES

Alejandría

 En virtud del inteligente estímulo y patrocinio de los Ptolomeos, Alejandría se convirtió en el brillante centro de la civilización helenística. Quizá podamos apreciar mejor los logros de la época si señalamos algunos aspectos modernos de la vida de esta ciudad.

Alejandría, fundada en el 332, era una ciudad nueva. No había crecido al azar, sino que respondía a un plan. Las avenidas eran amplias y las calles tenían un trazado regular. La ubicación y agrupamiento de los edificios públicos había merecido cuidadosas reflexiones. Las plazas y los cruces estaban adornados con monumentos y estatuas. Tenía un jardín zoológico, teatros, estadios e instalaciones para carreras. Dominaba el puerto un faro, llamado así por estar ubicado en la cercana isla de Faros, en el extremo de un rascacielos cuya altura de 135 mts. permitía divisarlo desde 60 km. Esta obra es considerada una de las siete maravillas del mundo.

Herón, que construyó una máquina de vapor 1.500 años antes de que James Watt observara el vapor que despedía una marmita, inventó una máquina tragamonedas para vender agua en los templos. Había en muchos edificios públicos sistemas rociadores para protegerlos en caso de incendio.

Los Ptolomeos sostenían un gran Museo (lugar de las Musas) una especie de universidad que reunía  a sabios investigadores, con jardín botánico, zoológico y observatorio astronómico; y una Biblioteca que contenía unos 700.000 volúmenes, la más grande de la antigüedad.  Daban subsidios para investigaciones y proporcionaban no sólo lugares de estudio, sino también vivienda, a los eruditos que venían de todas partes del mundo a continuar sus trabajos en Alejandría.

La ciencia helenística es la que conserva el espíritu "teórico" de los griegos: las cosas visibles  nos permiten llegar a las invisibles. Se da una especialización, fruto de una doble liberación: 1) de la religión tradicional y 2) de la filosofía y dogmas anexos. Quiere tener también una independencia de la técnica, se busca más el desarrollo teórico.

Se publicaban libros en cantidad. Se escribían muchos cuyo principal objetivo era entretener al lector, más que para su instrucción o educación moral. El arte se volvió realista. La escultura de retratos se hizo exacta y fiel al modelo, aunque los griegos nunca volvieron a producir las conmovedoras esculturas idealizadas del- siglo v a. C. En matemática, así como en medicina y cirugía, se lograron grandes progresos. Euclides publica su Geometría. Hiparco contó más de un millar de estrellas y las dispuso en constelaciones. Eratóstenes  estimó la circunferencia de la tierra con un error de menos de ochenta kilómetros. Aristarco de Samos estudia la rotación de la tierra y su traslación alrededor del sol. Arquímedes descubre la relación entre diámetro y circunferencia,(el número B), inventa  poleas,  palancas y máquinas de guerra; descubre el peso específico.

En Medicina el embalsamamiento de los egipcios los había familiarizado con la disección. Como los criminales condenados eran entregados a los cirujanos para practicar la vivisección, Herófilo y Erástrato  descubren el cerebro como núcleo vital y  distinguen nervios sensitivos y motores.

                Otras ciudades importantes de esta época helenística fueron:

Antioquía, destacable por el movimiento comercial por ser confluencia del camino de Egipto y el de Siria. Fue notable la belleza de sus templos, jardines y paseos.

Pérgamo: Su biblioteca era rival de Alejandría , con alrededor de 200.000 volúmenes. De aquí viene la palabra "pergamino", piel más ventajosa que el papiro egipcio.

Debemos destacar que esta civilización helenística descansaba firmemente sobre el trabajo de los griegos helénicos anteriores. Resulta interesante observar cómo, en el transcurso del tiempo, la civilización helenística  desapareció por completo, mientras que las grandes obras de la época helénica conservaron su vitalidad para contribuir poderosamente al desarrollo de las civilizaciones posteriores.

En tanto Roma, irá avanzando hacia la unidad. A partir del 196 empieza a sojuzgar a Grecia, en el 146 derrotan a las últimas tropas griegas. Macedonia cae en el 168; Siria en el 63 y Egipto en el 31. con la batalla de Actium. Roma fue conquistada espiritualmente por el helenismo y llevará la cultura griega a la Europa occidental.

EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO EN LA ÉPOCA HELENISTA:

Al propagarse entre los pueblos diversos y las distintas razas, la cultura helénica se transformará en helenística. Pasamos al 2° Acto de la cultura griega. Con ello:

                               Pierde su profundidad y pureza

                               Asimila elementos de la cultura de Oriente.

                               El pensamiento helénico deja de ser especulación serena y se ocupa sobre todo de los problemas morales, y luego de los religiosos: son los que interesan a todos los hombres. Se plantean problemas de la vida y se proponen algunas soluciones al respecto: los filósofos crean algo grandioso y excepcional: modelos de vida que influyen por mas de medio milenio.

                La filosofía se ocupará de dar reglas de vida, principios de conducta que otorguen paz al alma (ante la incertidumbre del cosmopolitismo)

                Los sistemas helenísticos son sincréticos[4] y eclécticos[5].

EL PROBLEMA ETICO EN LAS ESCUELAS POST-ARISTOTELICAS

La exigencia del bien en los socráticos.

Del predominio que el problema ético tenía en Sócrates, todas las escuelas derivadas de él     extraen un carácter común: la convergencia de toda su especulación hacia un fin supremo: el Bien. En Piatón y en Aristóteles, el concepto del bien tiene naturaleza y valor metafísico. Es la cima de la pirámide de las ideas en Platón, y así, colocado el fin fuera del mundo corpóreo y más allí de la vida terrena, toda la filosofía se convierte en una continua meditación de la muerte. En Aristóteles, el fin universal (perfección absoluta del acto puro) trasciende la naturaleza, que aspira toda entera a él; pero como el hombre la alcanza con el intelecto agente, no se tiene, como en Pistón, un reenvío del sumo bien más allá de la vida presente, sino la actuación en ésta, en la actividad especulativa y la virtud dianoética. Sin embargo, no obstante esta diferencia, tanto en Platón como en Aristóteles, el bien es el fin supremo de la vida humana y de la educación y de la acción del Estado, precisamente porque es la cima de todo el sistema de la realidad universal.

Pero la exigencia, que en los dos sistemas más importantes vale también para el hombre en tanto vale para toda la realidad universal, se restringía en las teorías de los socráticos menores a una preocupación exclusiva del bien humano, el cual para los cirenaicos es el placer, para los cínicos es la naturaleza, que es capacidad de bastarse a sí mismos (autarquía) y por ello libertad. Entre los socráticos mayores y menores existe, entonces, diferencia de amplitud en la visión del problema y en el diseño del sistema; pero la exigencia socrática del bien es carácter común a todos.

 Los post-aristotélicos: concepto individualista del fin

Ahora, esta exigencia se reafirma predominante en las nuevas escuelas que surgen después de Aristóteles; pero tiende, como ya en los socráticos menores, a delinearse como problema del bien humano, que domina y subordina a él a todos los otros. No es que sean abandonados los grandes problemas que con Plat6n y Aristóteles habían entrado a constituir las líneas de desarrollo de la filosofía; sino que ya no se atribuye más a ellos un valor propio intrínseco, sino subordinado al problema del sumo bien humano: ellos importan en cuanto su posición y solución pueden contribuir a dar al hombre la felicidad a la cual él aspira.

Y esta felicidad se reduce para las nuevas escuelas filosóficas a la serenidad libre de turbaciones: un fin no necesariamente egoísta (como veremos), sino esencialmente individual, porque el Estado (polis) en el cual Platón y Aristóteles veían realizarse en su plenitud la naturaleza y el fin del hombre, se ha disgregado en Grecia con la pérdida de la independencia y la reducción a provincia macedónica antes, y a romana después. El individuo ya no es más célula activa de un organismo político; por eso sólo puede recogerse en sí mismo y en el pequeño círculo de sus amigos, a expandirse en la totalidad de la humanidad y del cosmos; pero también en este segundo caso, no pudiendo proponerse, como ya el ciudadano en la polis, una acción eficiente en la vastedad del todo al que pertenece, no le queda, para cooperar en la perfección de todo ello, sino preocuparse de la propia perfección y de la de sus amigos.

CARACTERES DE LA EPOCA HELENISTICA

Así es  verdad que en la edad helenística "Grecia capta ferum victorem cepit", difundiendo la cultura de Atenas en el mundo antiguo, con los nuevos y más florecientes centros de Pérgamo, Antioquia, Rodas, Alejandría, etc.; pero en semejante difusión, la cultura helenística sufre la repercusión de las condiciones nuevas y recibe caracteres algo distintos a los del período griego. Por una parte, ella está caracterizada por el desarrollo y separación de las ciencias particulares (matemáticas, astronómicas, geográficas, naturales, médicas, históricas, filológicas) por el poderoso impulso que Aristóteles y su escuela han dado a su sistematización; por la otra, por el concepto de la filosofía como búsqueda de la sabiduría o regla de vida, capaz de dar al individuo el logro de su felicidad (sumo bien). Y así, de esta manera, la obtención de la serenidad del espíritu se convierte en el ideal del sabio, al cual interesan, sí, los problemas del ser y del conocer, mucho más que a los cínicos o a los cirenaicos, pero (y aquí se halla la diferencia de Platón y de Aristóteles) no como fines en sí, sino más bien como medios: o sea en la medida en que su solución coopere en la solución del problema del bien humano.

Soluciones del problema de la verdad y derivación de las doctrinas anteriores

De ahí que no solamente hay lugar para las soluciones positivas y dogmáticas de las escuelas epicúrea y estoica, que sobre un criterio suyo de verdad, fundan una certeza propia suya, sino que también hay lugar para la solución negativa de los escépticos, que, excluyendo la posibilidad de cualquier criterio de certeza, concluyen en la tranquila renuncia a toda afirmación dogmática, y en fin, también para la solución probabilista de los eclécticos, convencido de la unilateralidad de todas las escuelas y de la imposibilidad de un criterio inopugnable de verdad, pero necesitados de refugiarse, como en un tranquilo puerto, en la confianza que puede darnos el sentido común y el consenso universal. Pero con ello, el eclecticismo, sin tener conciencia de ello, se inclina hacia una dirección muy distinta a la de las otras tres corrientes, las cuales afirmaban, en contra de la teoría platónica de la reminiscencia, el origen de todas nuestras ideas en la experiencia sensible: el eclecticismo encuentra en el sentido común una fuente de saber, que no solamente no es empírica, sino más bien innata, pero, a diferencia de las ideas innatas de Plat6n, tiene más bien el carácter de la creencia que el del conocimiento. En esta señala él el pasaje al período religioso, el cual, recurriendo a la revelación, pedirá su certeza a la fe más que al conocimiento.

Cada una de estas cuatro escuelas se enlaza a sistemas y corrientes precedentes del pensamiento griego: la epicúrea se enlaza al atomismo de Demócrito y a la ética de él tal vez más aún que a la de los cirenaicos; la estoica al dinamismo de Heráclito y a la ética de los cínicos; la escética a la critica del conocimiento iniciada por los sofistas y a la sutil polémica (erística) desarrollada por los megáricos sobre el modelo de Zenón de Elea. En el eclecticismo, expresión de una tendencia conciliadora, confluyen las distintas escuelas (platónica, aristotélica, estoica, hallándose excluida únicamente la epicúrea) bajo la influencia de la crítica escéptica.

EL PREDOMINIO DEL PROBLEMA RELIGIOSO

Precedentes del misticismo

En qué medida la preocupación del más allá fuese ya viva en la conciencia griega y se hallase preparada para desembocar en el misticismo, lo había probado, entre los siglos VI y el IV a.C., la marea del orfismo, y su potente influjo sobre la filosofía con Heráclito, Empédocles y sobre todo los pitagóricos y Platón, para el cual la filosofía no era sino preparación y, meditación constante de la muerte.

Al dominante y obsesionante problema de la salvación del alma se habían substraído, después de Platón, los filósofos, o excluyendo la supervivencia del alma individual (Aristóteles, Epicuro, estoicos), o renunciando a todo problema que rebasara la experiencia fenoménica (escépticos), pero no por ello desaparecía de la edad helenística el culto místico órfico-pitagórico (que nos resulta documentado por fragmentos de los poetas de Ia comedia llamada media), más bien demostraba su creciente fuerza de difusión, propagando sus intuiciones a comunidades religiosas de otros pueblos (como en Palestina, desde el siglo III en adelante, entre los Esenios); ni se aquietaban las exigencias y creencias de la conciencia común, testimoniadas por el eclecticismo, que justamente en la vivísima preocupación universal del más allá encontraba el argumento máximo para afirmar la inmortalidad del alma.

Y la aparición del neopitagorismo en Roma, en la edad misma de Cicerón, con su amigo Nigidio Fígulo,  y su acción sobre las corrientes estoicas y afines, demuestran cuán viva era ya en el siglo I a.C. también en el mundo occidental la inquietud religiosa, contra la cual Lucrecio sentía la necesidad de renovar con multiplicado fervor la lucha empeñada ya por Epicuro.

La salvación del alma y los estoicos romanos

Sin duda, la preocupación ansiosa del destino del alma, tiene una parte central en la determinación de la propagación la sed de sobrenatural, que, desde el siglo 1 a. C. en adelante, se hace cada vez más intensa en los espíritus:  también en la filosofía la exigencia de la salvación del alma (sotería) viene a substituir la   búsqueda de la serenidad, y esto puede verse de manera característica en el estoicismo romano de los siglos I y II d.C., con Séneca (4-65), Epicteto (+125) y Marco Aurelio (121-180), que modifican profundamente el espíritu del sistema estoico, substituyendo la unidad por la antítesis entre cuerpo y alma, entre mundo y Dios: como para Plat6n ya, también para Séneca el alma encuentra en el cuerpo tinieblas y cárcel, y sólo con la muerte de éste nace a la eternidad y luz divinas. La vida vuelve así a ser, como en Platón, toda una preparación para la muerte: cada hora (dice Marco Aurelio) tiene que ser vivida como si fuese la última, y el hombre debe estar siempre, más que resignado, dispuesto y alegre a la voluntad de Dios, bendiciéndolo cuando quita, tanto como cuando otorga. En Séneca especialmente,  transplantado el fin, del hombre de la vida presente a la futura, la filosofía se convierte en doctrina de redención del alma, y por ello, y por la charitas generis humani que le es inspirada por el constante pensamiento de la muerte, por la comunidad del pecado y por el  parentesco que nos liga a todos, Séneca se halla tan próximo al naciente cristianismo, como para poder ser llamado después por uno de los Padres de la Iglesia Séneca saepe noster

Las religiones orientales y el misticismo alejandrino.

Pero el carácter religioso, que en el pensamiento occidental se hace evidente a partir del siglo 1 d. C., ya se había afirmado en el siglo anterior en los centros orientales de la cultura belenistica, del más importante de los cuales, el período  final de la filosofía antigua toma el nombre de alejandrino. En Alejandría, centro máximo de intercambio no solamente  comercial, sino también espiritual, confluyen todas las corrientes provenientes de los múltiples pueblos, que la conquista de Alejandro antes y     después la romana han recogido en un mismo imperio. El Oriente irrumpe con su misticismo, que encuentra a la conciencia helenística predispuesta, inclinada ya por la crítica escéptica a desconfiar de la razón y de su capacidad de dar un válido criterio de verdad, y al mismo tiempo sedienta de una certeza, que ya el eclecticismo le ha enseñado a buscar en las creencias comunes, bajo el aguijón de las nunca apagadas preocupaciones de ultratumba.

El pasaje de la razón a la fe, del intelectualismo al misticismo, de la filosofía a la teología, ya está preparado; y tanto más rápidamente se realiza por eso en el terreno de la filosofía, porque la mayoría y los más grandes filósofos de este período son orientales por nacimiento, y la filosofía encuentra difundida a su alrededor, en todo el mundo pagano, una atmósfera ardiente de religiosidad, encendida por las llamaradas del misticismo que las religiones y los ritos orientales traen consigo: la astrología, la magia, la demonología y teurgia, el culto egipcio de Isis y de Osiris, el persa de Mitra, y, en fin, el monoteísmo hebreo, ya agitado por esperanzas apocalípticas y mesiánicas, además de las corrientes ascéticas (esenios), antes todavía que surja de su seno el cristianismo, con su irreprimible impulso de propagación.

Sincretismo: autoridad y revelación

El encuentro entre estas distintas religiones ofrece un doble aspecto: de choque y de lucha, y de asimilación y compenetraci6n reciprocas. Más que cualquier otra religión, manifiesta una tendencia a la conciliación y fusión (sincretismo) el paganismo, no sólo sobre el terreno de la elaboración doctrinaria, sino también  en el de los ritos y de los cultos: él acoge en su Panteón a las divinidades egipcias y persas y todo el innumerable ejército de los demonios y de las emanaciones, que había creado el misticismo oriental. En cambio, judaísmo y cristianismo, firmes en la defensa rígida de su monoteísmo, son intransigentes en el terreno del culto, pero en el especulativo, los filósofos hebreos, dedicados a la elaboración de una doctrina teológica, y los Padres cristianos, puestos a la tarea de la formación de una nueva doctrina, se hallan abiertos al sincretismo, y, del contacto con problemas y conceptos elaborados por la filosofía griega y las teologías orientales, extraen elementos y estímulos para la propia construcción[6]. Sin embargo, hebreos y cristianos, como se observa en Filón y en Justino, en el acto mismo de asimilarse las concepciones de los filósofos paganos, no quieren reconocer una deuda, sino reivindicar un crédito hacia la filosofía griega, declarando que ella ha abrevado su inspiración en las Sagradas Escrituras, en Moisés, Salomón, en los profetas, y con estas aserciones, ejercen su influencia sobre los mismos filósofos paganos que, corno Numenio consienten en ver en Platón un Moisés aticizado.

Buena parte del trabajo de elaboración doctrinal de las nuevas teologías se realiza bajo la forma de comentario explicativo de antiguos filósofos y de interpretación alegórica de los viejos mitos por los paganos, de las Sagradas Escrituras por parte de los hebreos y de los cristianos; sin embargo, el intérprete transfigura las fuentes, incluyendo en ellas un pensamiento enteramente nuevo, que responde a problemas y exigencias de su propio tiempo. Pero le conviene conferir autoridad a las nuevas doctrinas consagrándolas con un nombre venerado, que pueda acreditarlas como revelaciones divinas hechas a profetas y santos u hombres divinos, como Pitágoras o Plat6n para los paganos, Moisés para los hebreos, los Apóstoles para los cristianos. De aquí también el pulular de los escritos apócrifos (de filósofos, de profetas y evangelistas), que no responden a propósitos de falsificación, sino sólo de consagración de las doctrinas expuestas bajo la égida de autoridades indiscutidas, consideradas instrumentos de la revelación divina.

LAS DISTINTAS CORRIENTES

La primera aparición de las nuevas corrientes religiosas en la filosofía, se produce con los Judeo-alejandrinos  del siglo II a.C. al I d.C.; siguen los Neopitagóricos y Platónicos Pitagorizantes, entre los siglos I a.C. y el III d.C., y finalmente, últimos defensores del pensamiento y de la religión del politeísmo, los Neoplatónicos del siglo II al VI d.C. sostienen la extrema lucha contra el Cristianismo, sucumbiendo al fin frente a él como sostenederes de una religión ahora ya deshecha, pero sobreviviendo con buena parte de sus doctrinas filosóficas en el mismo pensamiento cristiano, a través de los Padres de la Iglesia y de Boecio[7].

JUDEO-ALEJANDRINOS: FILON

El judaísmo alcanza las más altas vetas de su especulación filosófica Con Filón (30 a.C.-50 d.C.), llamado el Platón hebreo. Su filosofa es una teología, y la revelación constituye en ella un momento esencial. Con Filón vuelven los motivos del escepticismo a demostrar que el conocimiento humano, sensible o racional, es incapaz de alcanzar lo verdadero. La verdad suprema, Dios, es para él más trascendente que para Platón: es concebible al hombre en su existencia, no en su esencia. Aquello que el hombre sabe de Dios es revelación, que ha sido conservada en las Escrituras, donde, con la interpretación alegórica, Filón halla la fuente de la sabiduría griega: así la teología, que se presenta como extraída de la Biblia, se compone con doctrinas platónicas, aristotélicas y estoicas, en las cuales el fuerte sentido de personalidad, propio del judaísmo, introduce la tendencia a la personificación de las potencias divinas. Así el Dios Padre, con su Bondad y su Poder, es unidad que deviene trinidad (Aquél que es, Dios y el Señor); así su actividad creadora deviene el Hijo -Verbo o Logos- que, reuniendo los caracteres del Dios platónico, aristotélico y estoico, es idea de las ideas y modelo ideal del mundo; así las ideas, que el Verbo tiene en sí, devienen potencias que ministran o ángeles. Pero mientras esta serie de potencias personificadas, mediadoras entre Dios y el mundo, valen para mantener la trascendencia de Dios, por otra parte, ésta tiene una tendencia a disiparse, porque para Filón el Verbo es la actividad misma de Dios, que siendo intrínseca a su naturaleza no se detiene nunca y sólo con su continuidad mantiene la subsistencia del mundo. Así el mundo depende todo de Dios y vuelve todo a él, incluída la misma materia, que a veces Filón considera creada justamente por Dios. Pero otras veces la define con Platón como resistencia y le niega cualquier relación con Dios, no concediéndosela sino con las potencias mediadoras inferiores.

Hay, pues, una oscilación entre trascendencia e inmanencia, y un problema, que nace del concepto platónico de la materia como causa del mal (y por eso inconciliable con la perfección divina). También de aquí se deriva el concepto del cuerpo como tumba del alma, la cual debe liberarse de él para aproximarse a Dios. Pero esta liberación, que debe ser también separación de la propia individualidad y repudio del orgullo en una humilde dedicación a Dios, no es conquista del hombre, sino únicamente gracia de Dios. Sólo en virtud de tal gracia el hombre puede penetrar en la realidad extratemporal y conseguir la visión de Dios: el esplendor de Él llega a la mente como aparición que se ofrece, no como visión alcanzada por el alma misma, que más bien, se pierde y se anula en el arrobamiento del éxtasis.

Así, por más que Filón hable también del esfuerzo y de la ascesis corno condiciones del acercamiento a Dios, en realidad, el retorno de la criatura a Dios sólo se obtiene por obra de Dios mismo: antes que un círculo de descenso y retorno, se tiene uno de doble descenso (creación y revelación), casi semicírculos que, derivándose ambos del principio sumo, van a reunirse en la criatura.

NEOPITAGORICOS Y PLATONICOS PITAGORIZANTES

La unidad y continuidad del círculo de salida y de retorno se obtienen solamente cuando el descenso, operado en la creación, encuentra su integración en una vuelta del alma a Dios, que sea conquista que ella realiza y no gracia que recibe, pero a este círculo que verdaderamente vuelve a sí mismo, uniendo el término con el principio, sólo llega el neopitagorismo, realizando una elaboración ulterior, de la cual Neopitagóricos y Platonicos Pitagorizantes[8] constituyen una fase preparatoria.

Ellos preparan el complemento del concepto filoniano del descenso en la creación, afirmando el ascenso del alma a un estado divino por virtud y fuerza propias. Es un concepto de origen 6rfico-pitagórico al cual los vuelve a conducir la refirmaci6n de las oposiciones pitagóricas y platónicas, entre alma y cuerpo, Unidad (Dios) y Díada (materia), Bien y mal, acentuadas Por Plutarco hasta llegar a afirmar, frente a Dios, no solamente una resistencia de la materia, sino una verdadera y propia potencia del mal. Establecidas tales antítesis, surge naturalmente la exigencia de liberar el principio bueno y divino de cualquier sujeción a su contrario; y semejante liberación aparece como una conquista que el alma realiza con su esfuerzo.

No del todo en Plutarco, para quien la comunión con Dios, verdaderamente realizable para el alma sólo después que ella se ha separado del cuerpo, en la vida presente está únicamente anticipada casi en sueños por la filosofía. Pero Apolonio de Tiana creía ya en cambio que el alma, purificándose por medio de la ascesis y de la espiritualidad absoluta, conseguía el estado divino, con la presciencia profética y la virtud mágica y taumatúrgica. Y después Numenio, precursor del neoplatonismo, elevándose a una más pura espiritualidad, afirma que el alma se eleva a la comprensión del Dios supremo (el Bien) por medio de una constante adhesión a él, que efectúa en el desprecio de todo aquello que es sensible y en la meditación incesante de la Unidad absoluta. La ciencia, don divino, es comunicada por Dios por medio de la naturaleza divina concedida al alma: aquí se esboza ya el concepto neoplatónico de que el alma, en cuanto deriva de Dios, tiene la posibilidad de volver a él.

Pero  el problema se halla todavía imperfectamente elaborado, porque mientras Numenio, establecida la trascendencia absoluta del Dios supremo (el Bien), recurre en el descenso a la mediación de un Dios segundo (creador) entre él y el tercer Dios (creado), en cambio en el proceso de ascensión hace que el alma creada se vuelva directamente y sin mediación al Bien y lo comprenda. La correspondencia perfecta entre el camino del descenso y el de retorno no se determina sino con los  Neoplátónicos.

Continuará....

Resistencia, 14 de agosto de 2003


[1] BIBLIOGRAFIA: Reither, J., Panorama de la historia universal, Eudeba, Bs.As., 1985; Reale, G.,Antiseri, D.; Historia del pensamiento filosófico y científico. I antiguedad y Edad Media, Herder, barcelona, 1991; Mondolfo, R.; El pensamiento antiguo. II Desde Aristóteles hasta los neoplatónicos; Losada, Bs.As.;1983

[2] La falange era un sólido cuerpo de infantería protegido por los escudos trabados o sobrepuestos de las filas exteriores. Los soldados de dentro de la falange bajaban las lanzas sobre los escudos de las filas exteriores, de modo tal que la falange presentara por todos lados una sólida fila de escudos protectores coronada por una erizada línea de lanzas. La famosa falange macedonia era más grande que la griega y los soldados llevaban lanzas más largas. Además, Filipo adiestró una fuerza de caballería pesada para que operara en formación masiva a ambos lados de la falange de infantería. Cuando esta organización militar estuvo perfeccionada, Filipo poseía un mecanismo de guerra insuperable.

[3] En su paso por Gordio, resuelve el dilema del nudo gordiano.

[4] "Conciliación mal hecha de doctrinas filosóficas, totalmente disidentes entre sí" En la historia del pensamiento religioso: fenómenos de superposición y fusión de creencias de distinta procedencia. No hay síntesis de doctrinas.

[5] Dirección filosófica que consiste en elegir de las doctrinas de diferentes filósofos, las tesis que más se aprecian, sin cuidarse mucho de la coherencia de estas tesis entre sí, ni de su relación con los sistemas de origen. El criterio de selección suele ser el común acuerdo de los hombres: consensum gentium

[6] Allí donde el sincretismo invade también el terreno de los principios esenciales, como en la herejía gnóstica, que se desarrolla a lo largo de  los tres primeros siglos de la era cristiana, la idea cristiana corre el riesgo de ser arrollada por la mística griega y la oriental. Este gnosticismo demuestra que no han faltado tentativas de conciliación entre paganismo y cristianismo, a pesar de que se suele hablar de encastillamiento en una recíproca intransigencia.

[7]No debe olvidarse, por otra parte, que junto a todas estas corrientes religiosas continúan desenvolviéndose, en los primeros siglos de la era cristiana, también escuelas contrarias, o por lo menos, en parte extrañas a la religiosidad: la epicúreo, que en el siglo III d.C. se nos aparece viva y operante en el testimonio de Diógenes Laercio y en la inscripción de Diógenes de Enoanda, la escéptica, que llega hasta el mismo siglo con Sexto Empírico; la cínica, que sobrevivo hasta el siglo VI d. C.  

[8] El renacimiento del pitagorisrno, iniciado en el siglo I a.C., en Alejandría y en Roma, tiene su representante más alto en el siglo 1 d.C., en Apolonio de Tiana, llamado el Cristo pagano; Nicómaco de Gerasia, en el siglo II, y el seudo Hermes Trismegisto en el siglo III, son los principales continuadores. Afín al neopitagorismo es el platonismo pitagorizante de Plutarco de (50-125), Apuleyo de Madaura y Numenio de Apanea (flor. 160-180), saludado éste como precursor de los neoplatónicos.

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