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El problema filosofía - teologia a partir del s.XII

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TEOLOGISMO Y FILOSOFIA[1]

         Los profesores de Lógica del siglo XII, que nunca habían tratado de otros temas que no fuesen Gramática y Lógica, no distinguían entre Lógica y Filosofía y se autodenominaban filósofos.

            Los teólogos, en tanto, no se preocupaban de los errores cometidos por los lógicos y tenían conciencia que estos hombres pensaban que la Filosofía no era más que Lógica aplicada a cuestiones filosóficas. Sí tenían claro que si la Lógica se aplicaba a cuestiones teológicas el resultado sería la completa destrucción de la Teología.

            Los teólogos no veían (como tampoco los lógicos) el error que significa una concepción puramente lógica de la Filosofía. Su tarea no era salvar a la Filosofía del logicismo sino salvar la Humanidad de la condenación eterna. Cualquier obstáculo que se interpusiese debía ser removido, aunque se tratase de la Filosofía misma.

            El camino para solucionar la dificultad era extirpar del entendimiento humano la Filosofía y los problemas filosóficos.

            Nunca faltan teólogos creyentes y supercelosos que digan que las almas piadosas no han necesitado de conocimientos filosóficos y que la especulación filosófica es radicalmente incompatible con una vida religiosa sincera. Entre ellos algunos son rudos y otros bastante inteligentes, estos últimos se diferencian de los filósofos únicamente en que en lugar de usar su razón para la Filosofía, vuelven su habilidad natural contra ésta.

            Un ejemplo consumado de esto es Algacel. Muchos años antes de su época había habido en el Islam una violenta reacción contra la introducción de la dialéctica en la teología.

            Algunos teólogos mahomentanos habían partido del dicho del profeta " Lo primero que Dios creo fue el pensamiento o Razón" y de allí habían deducido que la especulación era uno de los deberes de los fieles; en cambio otros  partían de que "todo lo que fuese más allá de la enseñanza ética corriente era herejía;.... porque la fe debe ser obediencia y no ..conocimiento"  Algacel representaba esta segunda actitud, porque estaba brillantemente dotado para la misma especulación, que, por otra parte aborrecía por completo.

            Su Destrucción de los filósofos (1090) es una prueba del dicho aristotélico de que lo mismo para probar que para refutar cualquier filosofía es necesario filosofar. Fue capaz de volver las armas de Aristóteles contra el propio aristotelismo. Había sido influenciado por un comentador cristiano (Juan Philoponus) lo que explica su acuerdo sustancial con las críticas que a Aristóteles hicieron teólogos cristianos posteriores.

            Usar la razón contra la razón en beneficio de la religión es de suyo una actitud  legítima y eventualmente hasta noble, pero hay que estar preparado para afrontar las consecuencias.: cuando la religión intenta establecerse sobre las ruinas de la Filosofía, lo normal es que surja un filósofo decidido a fundar la Filosofía sobre las ruinas de la religión.

            Después de Algacel viene un Averroes que contesta la Destrucción de los filósofos con la Destrucción de la Destrucción. Tales apologías de la Filosofía, destruyen ordinariamente la religión.

            Con estos conflictos la Filosofía gana tan poco como la religión, porque la manera más fácil de asegurar los teólogos su terreno es demostrar que la Filosofía no puede alcanzar con la razón conclusiones válidas sobre ninguna cuestión referente a la naturaleza o el destino del hombre. De ahí el escepticismo de Algacel en Filosofía que él quiere redimir con el misticismo religioso (cosa que suele suceder).

            El filósofo no tiene nada contra el misticismo; lo que no le agrada es un misticismo que presuponga como condición necesaria la destrucción de la Filosofía. Si la vida mística -como parece cierto- es una de las necesidades permanentes de la naturaleza humana, no sólo se la debe respetar, sino también proteger contra los frecuentes asaltos de inteligencias superficiales. Pero también es cierto que el conocimiento filosófico es una constante necesidad de la razón humana y que esta necesidad debe ser igualmente respetada. el mayor problema y, al mismo tiempo, el más importante de todos , es mantener estas dos actividades espirituales que honran la naturaleza humana y dignifican la vida del hombre. Nada se gana con destruir la una para salvar la otra, porque duran o caen juntas. Sin una Teología no hay misticismo verdadero, y toda Teología sana busca el soporte de una Filosofía. Una Filosofía que no haga sitio, en definitiva a una teología, es una Filosofía corta de vista; y )cómo calificar a una Teología donde no se haya tenido en cuenta la posibilidad, al menos de la experiencia mística?

            Algunos teólogos se inclinaron por tratar la especulación filosófica de un modo menos radical. En lugar de intentar aniquilarla desautorizando la palabra de los filósofos algunos han pensado que era mejor dominarla y, por decirlo así, domesticarla, absorbiéndola en al teología.

No se trata de una mala intención, generalmente los impulsa la sincera convicción de que la Filosofía es una cosa excelente, tanto que sería una vergüenza dejarla perecer. Por otra parte, si la revelación es, por hipótesis, verdad absoluta, no queda otro camino para salvar la Filosofía que mostrar que sus enseñanzas se identifican sustancialmente con las de la religión revelada.

            Los diversos sistemas a que esta actitud ha dado lugar son casi siempre sublimes e impresionantes..  a menudo han sido fuente de progreso filosófico.. tiene aspecto de Filosofía, se expresan como Filosofía y, a veces, se los estudia y explica en las escuelas como Filosofía; pero, de hecho, no pasan de ser teologías en traje filosófico. Llamaremos a tal actitud "teologismo" y veamos cómo actúa.

            Siempre que se ha permitido a la piedad la entrada en el campo de la Filosofía, el resultado ha sido que teólogos píos, para ensalzar más la gloria de Dios, han procedido animosamente a aniquilar la propia creación divina. Dios, es grande, alto, omnipotente )Qué mejor prueba cabría dar de estas verdades que la que la naturaleza y la humanidad son creaturas insignificantes, viles y totalmente desprovistas de poder? Pero, este método es muy peligroso, porque a la larga, está expuesto a perjudicar igualmente a la Filosofía y a la religión.

            La secuencia de la tesis suele ser esta: algunos teólogos, con la mejor intención del mundo, dan por verdad filosóficamente establecida que Dios es y hace todo, mientras que la Naturaleza y el hombre nada son y nada hacen; llega entonces un filósofo  que da valor a la demostración hecha por el teólogo de la importancia de la Naturaleza, pero que exaspera aún tal debilidad para demostrar que existe Dios. De allí se llega lógicamente a la conclusión de que la Naturaleza está desprovista por completo de realidad e inteligibilidad. el escepticismo no puede ser evitado en este caso. Ahora bien, uno puede vivir sobre un escepticismo filosófico mientras está respaldado por una fe religiosa positiva. pero si esta fe desaparece )qué nos queda sino un escepticismo absoluto?

            La inclinación a ver la Filosofía como un departamento particular de la Teología no fue menos común entre los teólogos cristianos que entre los intérpretes musulmanes del Corán.

            San Buenaventura, aparte de ser una de las más grandes figuras del misticismo especulativo, era también filósofo, con todo, la idea que tenía de Filosofía era algo particular. El título de uno de sus breves escritos místicos lo expresa: Sobre la reducción de las Artes a la Teología. El verbo latino reducere, significaba para él traer -o devolver- una cosa a Dios. El mundo ha sido creado como imagen y testigo de la gloria de su Creador; pero el mundo material no lo conoce. El hombre, como sumo sacerdote en el sublime templo de la Naturaleza tiene como función esencial prestar su voz a la creación muda, ayudar a cada cosa a confesar públicamente su más profundo y recóndito significado o, mejor dicho, su esencia. Esto que es cierto de las cosas, lo es igualmente del hombre y sus diversas actividades; el significado último de nuestras artes y técnicas, de las varias ciencias y de la Filosofía misma, es simbolizar en un plano inferior la perfección del arte y del conocimiento divinos. Esto es lo que son, pero abandonadas a sí mismas, no los saben. Por eso la función propia de la Teología es hacerlas conscientes de su propia función, que no es conocer cosas, sino conocer a Dios a través de las cosas. Las Artes deben ser "reducidas" a la Teología, y, de este modo, a Dios.

            Parecería que San Buenaventura estaba en lo cierto, pero si se quiere una Teología para devolver las demás ciencias a Dios, el primer requisito es que haya una Teología y una Filosofía, que puedan ser relacionadas sin ser confundidas.

            Por ejemplo en la discusión de los problemas teológicos de la gracia y el libre albedrío dice: "La característica del alma verdaderamente piadosa es que no reivindica nada para sí, sino que todo lo atribuye a Dios". Un excelente principio como regla de devoción personal y mientras se restrinja a la esfera del sentimiento religioso, pero que puede convertirse en dañoso en cuanto se lo use como criterio de pensamiento teológico.

            ¿Que se debe atribuir a la gracia y qué al libre albedrío? San Buenaventura era de la opinión que se debe jugar siempre seguro. Se puede errar por dos razones: o por otorga demasiado a la Naturaleza o por otorgar demasiado a Dios. Desde el punto de vista abstracto cualquiera de los caminos es equivocado. No así desde el punto de vista del sentimiento religioso, porque "...por mucho que atribuyas a la gracia divina, no injurias a la piedad por hacerlo, aunque por atribuir a la gracia de Dios todo lo que puedas, hagas eventualmente injusticia al poder natural y al libre albedrío del hombre.".."esta posición que atribuye más a la gracia de Dios y, por establecernos en un estado de mayor indigencia, ...es más segura que la otra"...." Aunque esta posición fuese falsa, no se ofendería a la piedad o a la humildad; practicarla es, por tanto, lo más conveniente y seguro"

            Ahora bien, dónde se detiene uno ?

            Si es piadoso el rebajar la eficacia del libre albedrío, rebajarla más será más piadoso, y desproveerla por completo de poder sería la más alta señal de piedad.

            Si nos dejamos llevar de sentimientos piadosos para determinar lo que la Naturaleza pueda ser, necesariamente haremos injusticia a la Naturaleza, porque )cómo podríamos hallar en la piedad un principio de auto-restricción?

            En Teología como en cualquier ciencia, lo importante no es ser piadoso, sino ser justo. Porque nada hay de piadoso en ser injusto con Dios.

            Pero si la piedad no es Teología, menos es Filosofía.

            San Buenaventura, como filósofo, se dejó arrastrar algunas veces por sus sentimientos religiosos. Por ejemplo, al tratar la naturaleza de la causalidad se le abrían dos caminos. en primer lugar, podía admitir que hay una causalidad eficiente; que algo nuevo, que llamamos efecto es traído a la existencia por la eficacia de sus causas; en este caso, cada efecto puede ser considerado con razón como una adición positiva al orden ya existente de la realidad. Pero San Buenaventura podía sostener que Dios ha creado todas las cosas presentes y futuras en el mismo instante de la creación. Desde este segundo punto de vista es lícito considerar a cada ser particular, tomado en un momento de la historia dej mundo, como la semilla, por así decirlo, de los demás seres o eventos que van a dimanar de él según las leyes de la Providencia divina.

            En su típico teologismo, San Buenaventura se adhiere a esta segunda interpretación considerando que la otra  atribuye a la criatura un poder creador que pertenece solo a Dios..

"El efecto es a su causa lo que la rosa al capullo". Esta comparación poética que revela una pureza en la intención religiosa, no deja de tener implicancias filosóficas. Si, al principio, Dios creó, juntamente con lo que fue, todo lo que iba a ser, el fin de la historia cósmica estaba ya en su principio y nada puede suceder realmente en un sistema  así, Dios es la única causa eficiente, y este nuestro mundo es un mundo completamente inerte (Malebranche, Al Ashari) 


[1] Tomado de Gilson , E.; La unidad de la experiencia filosófica, Rialp

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